
I
Mi cabeza juega en el ático vislumbrante
Y el viento que cruza como una ráfaga voraz
Directo en la yaga del cuervo que canta un jamás
Volverá el oído necio a escuchar el sacrilegio
Volverá a cantar el trino sin paz enmudecido
El cólera del silencio me obliga a doblegar
El cacareo arcano del fantasma que me quiere besar
En esta noche impávida y tremebunda galopa la demencia
En la luna bordada de sangre plateada donde yace mi cabeza
Junto al rezo de un espíritu olvidado en las puertas del averno.
II
Parpadeo celestial, miel acaramelada en la oruga de la muerte
Vienen a buscar los rostros afilados en la hipocresía
A media noche aúllan los desalmados en la llanura
Y clavan sus manos en la carne maloliente y podrida
Arrastran las cadenas con sus heridas por la tumba de mi voz
Se mezclan en el agitado despertar del mal entumido
Que renace de los llantos, en las faldas del infierno
Por donde cruza la tristeza de un poeta abandonado en el destino
En la masacre desdichada del fuego, en el retorno de un verso maldito.
III
La humedad rompe el hielo, al hijo del vacío, al padre de lo inerte
Como he de extrañar los cantares de la vida, como he de ser olvido
Los instantes de glorias se han alejado de mi alma, de su nido
La oscuridad se ha vuelto mi amiga y mi mejor enemigo
Tus ojos se han clavado en mi cuello como un vampiro
Que haces criatura que calmas mis anhelos como un niño
Si yo fui hijo del cielo, porque ya no está conmigo
Me he perdido en la llanura, en el aullido de los desalmados
Mi cabeza rueda por la tierra, mi cuerpo yace olvidado
La maleza me envuelve y me hunde en la fosa caliginosa.
IV
Las horas ya no son las horas, he vivido muerto lo que me queda vivo
Y abajo retumba el mormullo de la aridez encorvada
En la caldera de fuego se queman los huesos ansiosos de amor
En un espasmo se refugia mi aliento como deseando la vida
La sangre engorda la tierra, la piel rasguña la herida
Estoy momificado en la llanura de la bestia, él toma mi cabeza
Y la sujeta sonriente con su garra de león mientas me juzga
Mi cuerpo se arrastra a sus pies para ver el camino
La vida goza en los ojos de la bestia, se abre el umbral del abismo.
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