
Hubo una vez aquel hombre
Que vestía pelaje felino
Ocultaba su furia, en el negro agónico de su alma
Sus ojos pardos fue un zarpazo del tiempo
Con su bigote dominaba el mormullo de los descalzos
Y en los cristales de sus ojos lloraba vuestros rostros
Aquel hombre una noche, le abrió la boca a la luna
Y en ella su voz hizo eco en la tierra
Y desde entonces, su maullido se ha perdido en el universo.

